Los villancicos.

Forman parte de un tesoro popular que nos ha llegado a través de los tiempos. Con su murmullo de campanas, voces de niños, aroma de pinos, regalos y juguetes.
Estas canciones evocan el nacimiento de Jesucristo y ya se entonaban en el siglo XIII. Se dice que San Francisco de Asís las difundió traduciendo el latín a las distintas lenguas.

Uno de los villancicos más populares es “Noche de paz”, cuyo autor, el padre José Mohr, escribió el texto inspirado en la fe y bondad de los hombres. El maestro Franz Gruber compuso la música. Según la fecha que llevan las partituras, esta canción fue presentada el 24 de diciembre de 1818. ¿Qué fue lo que los motivó a componer este villancico? Después de las guerras napoleónicas, volvió la paz a Europa, también a un pequeño pueblo pesquero de Salzburgo (Oberndorf). De este pueblo eran oriundos Mohr y Gruber. Llegaba Navidad y ellos sabían que la misa del gallo no tendría el brillo ni la magnificencia de otros años porque el órgano había sido destruido. Por ello decidieron componer una música para dos voces y coro.

Como instrumento de acompañamiento, eligieron uno de los más populares: la guitarra europea. Los villancicos se multiplicaron, traducidos a diferentes lenguas en el mundo y fueron los colonizadores quienes nos trajeron desde el Viejo Continente la tradición de los cantos navideños. Pero los distintos pueblos de América los han ido adaptando a la realidad de su tiempo, reflejando en sus letras los problemas cotidianos, que a veces no tienen un contenido puramente religioso.

En nuestro país, en algunos pueblitos serranos de la provincia de Jujuy, lindantes con Bolivia, se baila durante la Nochebuena “La danza de las cintas”, cuyo trenzado y destrenzado se hace cantando al compás de villancicos alabando al niño Jesús. Entre los más conocidos están “Albricias, albricias”, “Mañanitas al niño Jesús” y “Canción de cuna navideña”. En general, estos cantos son sencillos e ingenuos, y se acompañan con instrumentos de percusión, panderetas, platillos y triángulos.

Los villancicos, llamados así en América latina y España, reciben el nombre de “pastorelle” en Italia, “noells” en Francia y, en Inglaterra y Estados Unidos, “christ-mas”.
Esperemos que estos dulces e inocentes cánticos sigan constituyendo una tradición permanente y viva en el alma de nuestros hijos y de sus hijos.

La noche buena

Nochebuena, Navidad, Año Nuevo: todo el espíritu de recomenzar, de volver a encarar proyectos, de luchar sin vacilaciones por lo que más queremos se expresa en el estimulante menú y en la alegre organización de la mesa navideña. Por eso, el azúcar, las flores, las luces, los postres, las fragancias de los platos que surgen del horno, el vino jubiloso, el aromático café y el helado reconfortante, las frutas con su radiante arco iris traído de los huertos, las especias antiguas que conservan su aroma a pesar de los siglos, las sutiles combinaciones de platos dulces y salados, calientes y fríos, pero bien presentados para que halaguen las pupilas antes que el paladar.
Todas las recetas incluidas como selección en estas páginas responden a ese íntimo deseo de exaltar las reuniones a que dan lugar los festejos tradicionales.

Noche buena

Nochebuena, Navidad, Año Nuevo: todo el espíritu de recomenzar, de volver a encarar proyectos, de luchar sin vacilaciones por lo que más queremos se expresa en el estimulante menú y en la alegre organización de la mesa navideña. Por eso, el azúcar, las flores, las luces, los postres, las fragancias de los platos que surgen del horno, el vino jubiloso, el aromático café y el helado reconfortante, las frutas con su radiante arco iris traído de los huertos, las especias antiguas que conservan su aroma a pesar de los siglos, las sutiles combinaciones de platos dulces y salados, calientes y fríos, pero bien presentados para que halaguen las pupilas antes que el paladar.

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